Ecos de la Semana Lacaniana

Antes de atender a la invitación de pensar en aquello que ha resonado en mí como efecto en lo formativo, quisiera nombrar algo que tuvo efectos en mi ser: conocer la Escuela viva, saberla alegre, acogedora, cálida y respetuosa con aquellos que apenas comenzamos a caminar hacia ella.

Ahora bien, frente al saldo de enseñanza quisiera recoger algunos elementos que tuvieron una secuencia lógica durante las Jornada y que en efecto, dejaron ecos, en primer lugar, la disposición de los diferentes espacios de Conversación Clínica, escenario en el que se esperaría producir algo de saber en torno a la práctica de un psicoanalista o con temor creía que se juzgaría su práctica, sin embargo, con aquella calidez que al inicio nombraba, pude comprender que se trata más bien de introducir una nueva voz de la lectura que se hace en la relación analista- analizante. 

Es importante resaltar que para lo formativo fueron claros quienes estaba a cargo de la interlocución, que el saber estaba en el caso, es de allí de donde se extrae, es decir, no es la pretensión de ajustar los conceptos para que el caso los demuestre, son en cambio una brújula, diría yo que fue este el significante de la Semana Lacaniana, todo como orientación y como brújula. 

En coherencia a esto, la Orientación es lo real del síntoma, un síntoma al cual habría que atribuirle o creer que tiene algo por decir y que necesita ser descifrado para que pueda hablarse de una entrada en análisis. Esta orientación por lo real implica a su vez comprender que al final algo queda como incurable, no es una travesía en tanto el síntoma no queda atrás, queda un resto, el cuál es incurable y cumple una función, por tanto, una dignidad para el sujeto. 

Al hablar de una secuencia lógica me refiero a qué fueron las Conversaciones Clínicas en los diferentes momentos y elementos de un análisis (entrada, fin, deseo del analista, deseo de control, entre otros) como vías de transmisión en las jornadas. Al respecto es importante señalar que exponer un caso clínico a una interlocución no es exponer conceptos, es exponer algo de sí, de sus maniobras en la práctica, del deseo de control del caso; práctica que en sí misma tiene un carácter formativo no en el sentido en el que se va a recibir orientación sobre la técnica, sino que, según entendí, es un lugar para ajustarse en su propio deseo del analista, todo esto sobre un principio ético que sigue siendo la brújula de la práctica clínica.

Para finalizar, quisiera resaltar una frase que no recuerdo con precisión quien la dijo: “No hay clínica sin doctrina”, y con ella quisiera decir que fue una Semana Lacaniana no sin el retorno Freud que de una u otra manera estuvo presente en las plenarias. 

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