Para esta sesión de trabajo quiero destacar especialmente un aspecto que nos señala Christiane Alberti en su intervención referida a “Los finales de análisis”.
Se trata de ese énfasis que hace con referencia a la primacía del objeto “a” en el fantasma, y su constitución a partir de la caída del S1 por efecto de la represión originaria. Dice: “entonces, el sujeto se constituye a partir de la caída necesaria del primer significante, como puro sinsentido, este significante primordial que apoyó todos los sentidos en cada etapa de la vida del sujeto”.
El S1 que ha alienado al sujeto al Otro, con el cual ha sido nombrado pero que a su vez marca un enigma para él en tanto el sinsentido que conlleva. Ese S1 que le hace la entrada al mundo del lenguaje. Pero, ese S1 que cae por la represión originaria da lugar es al objeto en tanto por allí sabemos qué objeto hemos sido para el Otro, como lo nombra Christiane, en la evocación Freudiana, “nunca podemos decir yo soy golpeado, en el fantasma, yo soy ese uno, sino: Pegan”. Pegan a un niño, es lo que se dice.
Entonces, entre el S1, enigmático y sin sentido, donde se cifra lo que hemos sido como objeto en el deseo del Otro, y el lugar de objeto que es el sujeto en el fantasma, nos dice Christiane, “No hay identidad cierta en el Otro del significante. Lo que fija al sujeto es el objeto, el objeto que da su consistencia al deseo… es en el fantasma donde el sujeto accede a su ser. Solo está ahí en el objeto. Se localiza al sujeto en relación con el pequeño “a”. Es así como se produce el franqueamiento de la identificación y, por lo tanto, la distinción subjetiva.”
Así también Christiane cita a Miller: “la entrada en el discurso analítico pone en juego el cruce de la represión originaria y del fantasma fundamental. Si hay pase al final del análisis es en la medida en que no se obtiene el valor de pequeña “a”, como producto, solo se obtiene (a) a condición de ponerlo como semblante, lo cual es completamente diferente”
Aparece así una primera pregunta, ¿Es entonces esta distinción subjetiva, la destitución subjetiva del Otro en el final de análisis?
De otro lado, surgen otros cuestionamientos a considerar; si en un fin de análisis, en la destitución subjetiva lo que cae es el Otro, “el Otro del fantasma como ficción”, como nos lo nombró María Cristina, me pregunto, ¿cuál es el Otro que cae? Cuando, como nos dice Lacan, el Otro es el cuerpo, el propio cuerpo. ¿Acaso es ese Otro que uno se inventó en su propio cuerpo? ¿Se cae ese invento fantasmático? ¿Es entonces, el fantasma una ficción de, o del cuerpo?
Además, si conjugamos esto con el aforismo Lacaniano: “El Otro no existe”, ¿qué es ese cuerpo que se tiene y que no se es?
Son entonces inquietudes, preguntas o definiciones como puntas de lanza, que me reenvían a la investigación.



