El Eco del decir en el cuerpo autista

¿Qué ocurre en el autismo con el lenguaje? ¿Qué es lo que sucede cuando el lenguaje se detiene en el sujeto o no se logra inscribir aún? Con estas preguntas quiero introducir esa forma de lenguaje sonoro previo a las palabras, para comprender cómo en el autismo se juega la relación con la sonoridad y con la palabra, asunto que me interroga al recibir niños autistas en esta construcción que es Uno a Uno.

Desde pequeños escuchamos la voz del Otro (la madre, el padre, los cuidadores). Esa voz acaricia, nombra, ordena, canta, se enoja, se emociona. A eso Lacan lo llamó lalengua, escrita de una sola vez, que connota el lenguaje encarnado en el cuerpo, lo podemos nombrar goce sonoro y afectivo de las palabras antes del sentido. Esas palabras, tonos y ritmos dejan huellas en el cuerpo: hacen eco, hacen de un cuerpo vibración, sonidos que generan placer o molestia, marcan una forma singular de sentir el lenguaje.

En todos los sujetos hay una forma de decir que ha quedado como huella sonora, un eco en el cuerpo, con un decir no descifrado. Lalengua entonces no es el idioma, sino que se trata de la manera en que el lenguaje nos ha tocado el cuerpo desde antes de que podamos hablar.

En el caso del autismo, esta relación es particularmente evidente, el lenguaje se presenta más como materia sonora, ritmo o vibración que como mensaje o palabra. Lo que importa no es lo que “se dice”, sino lo que el cuerpo experimenta o siente al decir. Esto nos obliga a escuchar de otro modo, a veces, el niño no habla, pero hace ruidos, canta, repite sonidos o palabras que parecen sin sentido. ¿Y si esos sonidos fueran su modo de anudarse al mundo, de darle un borde? Principio del formulario

En algunos niños autistas las palabras o sonidos que vienen de afuera pueden sentirse como algo demasiado fuerte o confuso, casi como un ruido que los invade. Por eso, a veces repiten palabras, sonidos o frases, esos ecos les ayudan a marcar un límite y a crear un espacio propio donde sentirse seguros. En lugar de ver esas repeticiones como un problema, pueden entenderse como una forma de ordenar lo que resulta abrumador del lenguaje.

Un niño pequeño puede repetir un sonido o una palabra sin entenderla, pero lo hace porque algo de ese sonido le produce satisfacción —le resuena en el cuerpo y lo vivifica. Esa resonancia, esa lalengua, es una vía de relación singular con el lenguaje. Es decir que un sujeto está afectado por el lenguaje, aunque este no comunique como en el autismo.

El autista logra inventar su propio modo de hacer con la lalengua, estableciendo un lazo posible con el mundo, por ejemplo, a través de un ritmo, una melodía, o una palabra que repite para sostenerse. Por ello reconocemos en el decir sonoro del autista una manera distinta de usar el lenguaje, porque escuchar sus sonidos, sus gestos y sus silencios son formas de decir. No intentamos forzar “un sentido”, respetamos su ritmo, su lalengua.

Reconocemos que el lenguaje no es sólo instrumento de comunicación, sino materia viva que toca, afecta y estructura el cuerpo del sujeto. En Uno a Uno hemos sabido que acompañar a un niño —autista o no— implica escuchar esa música singular, sin querer traducirla enseguida, porque allí se juega su manera única de ser sujeto.

El trabajo clínico con niños autistas nos ha enseñado que el cuerpo puede funcionar como caja de resonancia del lenguaje. Aunque “no hable”, el cuerpo vibra con lalengua, con el eco de los sonidos, las entonaciones y ritmos que los habita. En ocasiones se logra escuchar algo más que un ruido: el eco en el cuerpo de que hay un decir, tal como formula Lacan en Aún. El autista goza de la sonoridad pura; su cuerpo vibra con el impacto del significante, sin mediación del Otro.

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