Mi participación en las Jornadas estuvo atravesada por dos momentos:
- El trabajo previo realizado de las escansiones hacia las jornadas y, especialmente, con la comisión de bibliografía, donde tuve la oportunidad de compartir con colegas de diferentes secciones y países, intentando, como lo dijimos desde el inicio, “pescar algunas perlas en el mar de las citas” e intentar sacarles brillo desde la selección misma y la forma como podían ser presentadas. Quisiera decir que fue un trabajo, no sin impases. De modo que desde allí estuvimos trabajando en la “Orientación de la experiencia”, título que convocó el trabajo central de las Jornadas.
- La participación en sí en las Jornadas, la cual pude hacer de manera virtual, poniéndome muy de frente que, si bien la tecnología, al punto que tenemos hoy, es un medio que hace posible algunas formas para la conversación, intensifica o maximiza lo que de imposible se presenta en los lazos sociales. Un pequeño chiste surgió de esto con algunos colegas que estábamos apoyando en medio de las Jornadas la revisión de la conexión streaming. Justo cuando pasaban los impases de conexión, y llegaban muchos mensajes señalando justo lo que dis-funciona, salió: “creo que nos están preparando para el próximo congreso de la AMP No Hay relación sexual”.
Capto escribiendo esto, que lo que viví en cierto sentido a nivel de la puesta en acto, es que siempre trabajamos en psicoanálisis con lo que no funciona, o mejor, con el síntoma. Lo puedo articular en retrospectiva con lo que considero fue el punto nodal señalado por Xavier Esqué en su conferencia, donde ubicó al síntoma en el centro. Parafraseando un poco a Xavier, a propósito de la época, tomo una expresión: “soy como digo que soy”, para definirla como una forma de desconocimiento del Yo que sería también una “nueva forma de negación del inconsciente”. Entendí que planteó esto para pensar la demanda que hace el sujeto en el análisis, de modo que dice “la demanda es verdadera cuando viene emparejada por un síntoma”, lo que le hace luego plantear una serie de consecuencias lógicas sobre la importancia de la creencia en el síntoma, el inconsciente real y cómo es posible en psicoanálisis que esto empiece a hacer pregunta y producir un acceso al saber, entre otras. En ese momento anoté lo de la demanda verdadera y otros breves puntos, pero me quedó como una frase suelta o más bien como una pregunta, como una formulación en la que amerita detenerse.
Sin pretender responder, me parece que fue intentando recoger los ecos y lo que viví en general con las Jornadas que capto un pedacito de esta formulación, a saber, que todo el tiempo algo insistió en el previo y durante las Jornadas, y sigue insistiendo, lo imposible, lo que no hay, lo que no funciona, y que es trabajando con esto como se puede lograr extraer algo, un fragmento, una palabra, un pequeño saldo que queda y que se vuelve vivo o vivificante para mí. De modo que cuando Xavier planteó la frase del “soy lo que digo que soy”, se entiende que sea una negación, porque en ese sentido el Yo se presenta completo, sin falla y una demanda de ese tipo, es una demanda que no quiere ponerse a trabajar, sino que pretende eliminar aquello que supuestamente le impide “ser lo que dice que es”, ¿No es esta misma vía la que propicia el fundamentalismo, la radicalidad y el resurgimiento del racismo que Lacan “profetizó”? Sería una demanda que no quiere saber nada. Se deduce que es necesario desde el inicio ubicar la “demanda verdadera que viene emparejada al síntoma”, que es posible hacer hablar algo de eso imposible que se presenta por el disfuncionamiento. Me pareció que en las Jornadas se reflejó este esfuerzo y que se pone en acto como lo que hay en el centro de la experiencia, es un ¿?



