La semana Lacaniana en torno a La Orientación de la Experiencia Psicoanalítica, fue una experiencia de Escuela con efectos de formación inolvidables. Alojados en el contexto de la sección de la NEL-Santiago, una Sección que, con fuerza, transmite lo más vivo de trabajar por la causa del psicoanálisis.
Los platos de fondo tuvieron una gran potencia:
1. El primer plato, la Conversación Clínica: algunas observaciones sobre la sexualidad femenina, en la que con piezas magistrales Neus Carbonel, captura lo enseñante de cada caso presentado, y para mí deja como saldo, el estatuto de lo estructural del estrago materno y cómo el primer tiempo de tratamiento en el análisis en cada sujeto, pasa por el curarse de la madre.
2. Como segundo plato, el inicio de las jornadas, con la plenaria de Xavier Esqué, en quien encontré una transmisión clara y precisa acerca de la orientación por lo real del síntoma y su relación del encuentro con lo incurable en el final de análisis: “Hay una parte del goce que no participa del saber, lo incurable”.
Destaco también la importancia de la Jornada Clínica en el marco de las Jornadas, un plato de fondo, riquísimo en variedad y especias, para cada uno con su estilo para orientarse desde lo que enseña. A partir del esfuerzo realizado por la comisión epistémica para hacer lugar a la voz de la práctica expuesta por cada participante. Tuve la oportunidad de coordinar una mesa sobre la experiencia de la práctica del control, fue una manera distinta de escuchar los casos, dado que previamente, había oportunidad de conocerlos para luego darles una nueva vuelta al momento de su lectura e interlocución.
El tercer plato, lo alegre en la segunda Jornada de Carteles, un saber construido dentro de la escuela que invita a permanecer despierto para abrir la posibilidad de reconocer el efecto del discurso analítico en cada uno, desde la propia enunciación y según el rasgo singular elegido para el trabajo.
Quedan por nombrar, las guarniciones, no menos importantes que los platos, en las que la experiencia de encontrarse desde los lazos con los otros de la Escuela, el compartir alrededor de una mesa, un vino de selección, un buen baile y unas nutridas conversaciones, le dan vida al sujeto de La Escuela, en el que reconozco la posibilidad de hacer legible lo real a través del deseo de participar de nuevo.



