María Cristina Giraldo
Miembro de la Nel- cf Medellín
Las marcas de lo traumático
Me orienta una pregunta en esta elaboración: ¿qué es lo que produce las marcas singulares de lo traumático? Parto de la doble condición que tiene el infans de nacer en el desvalimiento y en el desamparo en relación al Otro, y a la vez de ser ineludiblemente “un sujeto sujetado”[1] a ese Otro. De un lado, por el lenguaje, en tanto nacemos al malentendido, y del otro, por la respuesta de ese Otro a su demanda, que o no se produce en paridad a la misma o no existe; en todo caso, demanda y respuesta no están acompasadas. Es por eso que Marie-Hélène Brousse dice que “cada vez que se trata de la inscripción del sujeto en el Otro hay un riesgo de trauma, en relación con la respuesta del Otro”,[2] especialmente cuando el Otro no responde, porque en ese caso el sujeto no existe en el campo del Otro.
Tomo un fragmento del testimonio de Oscar Ventura para mostrar cómo se producen las marcas de lo traumático. En el inicio del embarazo la madre se deprime y el médico prescribe que es mejor provocar un aborto porque el postparto sería peor para su equilibrio mental. “Una frase se impone: podrías no haber nacido fue el fragmento de lo escuchado. Su eco toca el cuerpo”.[3] Es el impacto de ese dicho sin sentido en el cuerpo lo que produce la marca traumática y un rasgo melancólico, el síntoma con el que responde al trauma: hacía de la tristeza su partenaire. Oscar vivía, entre la amenaza de ser expulsado del Otro como un desecho o sujetarse al Otro, fijado a dos afectos: la angustia y la tristeza. Un equívoco en sesión evocando el nacimiento –y entonces me tienen, nazco– le permite hacer legible cómo su lalengua deja al descubierto el malentendido fundamental que constituye su ser, y que en este testimonio es la libra de carne con la que Oscar elige pagar el ser un sujeto sujetado al Otro; guarda además relación con dos tipos de traumatismos: el del nacimiento y el de lalengua.[4]
Somos traumatizados del malentendido al cual nacemos: no hay relación sexual que pueda escribirse, y eso supone dos goces distintos, dos lalenguas distintas que no se armonizan ni siquiera en el discurso amoroso. Y si acaso somos deseados, en tanto podemos no serlo, el deseo del padre y de la madre no son unívocos. Para Lacan, en Nota sobre el niño, la constitución subjetiva “implica la relación con un deseo que no sea anónimo”,[5] y esto define las funciones distintas de la madre, ligadas al cuidado, y del padre a la Ley del deseo, que llevan además una marca singular de cada uno. El niño viene a saturar el modo de la falta del deseo de la madre, independientemente de la estructura de esta; para Lacan tiene un valor estructural: sustituye el objeto a en el fantasma, y por ello el niño está abierto a todas las capturas fantasmáticas. Miller puntualiza: acogemos en análisis a “sujetos traumatizados por el saber del Otro, por su deseo y por su goce”.[6] Lo cual pone al descubierto lo que supone interpretar la X del Deseo Materno: el saber, la raíz pulsional del deseo materno y el goce de la mujer en la madre. La mediación o no de la función del padre que está en relación a la Ley impide que la boca del cocodrilo se cierre y lo devore. El síntoma del niño, para Lacan, responde a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. Éric Laurent muestra tres respuestas posibles del niño a la X del DM, tres identificaciones posibles: con el falo (perversión), con el síntoma (neurosis) y con el objeto a (psicosis).[7]
Concluyo este apartado mostrando cómo las marcas de lo traumático surgen del encuentro del cuerpo con lalengua y son las que modelan la relación con el goce que es siempre singular. Esto implica que cada uno tiene sus propias marcas del traumatismo en singular y que estas son las que resuenan, así como lo que cada parlêtre ha hecho con ellas en su experiencia de análisis, cuando se produce un hecho traumático.
Del trauma al traumatisme
Voy a servirme de la manera como Marie-Hélène Brousse presenta la ausencia del instante de la mirada en relación al hecho traumático por la pandemia desatada por el nuevo coronavirus, el COVID 19: “No vimos venir nada. Fuimos tragados por la ola antes de poder verla… frente a lo real, la extrañeza de los diferentes encuadres realizados por la realidad psíquica es tal que elimina, en numerosos sujetos, el instante de la mirada”.[8] El no querer saber, propio del síntoma, elimina ese instante de ver, pero a la vez es el síntoma el que singulariza y permite las formas de arreglo con el agujero en lo simbólico que causa ese real en el discurso, en los proyectos, en las formas de encuentro…
La respuesta que me dio Paola Bolgiani, colega radicada en Torino, cuando le contaba del no consentimiento, de muchos ciudadanos en Medellín, a la cuarentena obligatoria, en tanto supone forzar ese no querer saber, me mostró el impacto de lo real en juego. Me dijo: “Es un no querer saber sobre un no saber absoluto”. Tenemos consignas sobre la asepsia en el cuidado, o información diaria sobre el número de infectados, de muertos, de recuperados y de pruebas por millón de habitantes, pero nada de eso constituye un saber. Ese trozo de real que se presenta sin ley, fuera de programa, quiebra las coordenadas que ordenan la vida de cada uno y nos pone frente a lo insoportable de un no saber absoluto, de la incertidumbre donde antes, aunque fuera en forma ilusoria, creíamos tener alguna garantía. El fantasma, ese aparato productor de sentido que nos separa de Un real, que hace pantalla a la opacidad del goce para hacerlo soportable, que le da consistencia a una versión del Otro que le hace a cada uno según su relación de goce con el objeto fantasmático, las ficciones del fantasma para hacer existir ese Otro y mantener en el no saber la posición de goce, no sirven de nada a la hora de enfrentarnos con un trozo de real. Las defensas que pueden llegar a ser, en algunos sujetos, una trinchera para defenderse de la vida, muestran su impotencia: irrumpe la angustia ante eso que escapa al control y la angustia señal no logra ser una brújula de orientación, como sucede con la angustia lacaniana. Si miramos las ficciones que se difunden en las redes sociales, vemos que se pone ese saber en un Otro malvado que se coloca en el extranjero “los chinos sabían y no dijeron; se reservan un saber para hacer caer el sistema capitalista; ellos produjeron el virus en un laboratorio para tener el poder político y económico.” Dalila Arpin nos ayuda a hacer legible esta lógica fantasmática: “El virus es el Otro que puede tomar diferentes rostros: el extranjero, el cuerpo, el Otro que tenemos dentro… El odio no hace buenas migas con el saber; lo que no se quiere saber es que ese Otro tan odiado al que se le da tanta consistencia está en él mismo”.[9] Conviene, por tanto, orientarse en la perspectiva que diferencia lo real de Un real, el de cada uno.
El psicoanálisis no niega la existencia del hecho traumático ni sus consecuencias, pero no deriva de ello una universalización del trauma ni una práctica asistencialista del para todos, sino que se orienta hacía lo más singular. Éric Laurent retoma a Guy Briole, quien fue el asesor científico de la Red Asistencial de la ELP-Madrid en la atención en psicoanálisis aplicado con tratamientos breves a los afectados del atentado terrorista en la Estación de Atocha, el 11 de marzo del 2004. Guy muestra que en tanto el sujeto no es soluble en lo colectivo, hay que liberar al grupo del aislamiento y extraer al sujeto del grupo que está definido por un acontecimiento traumático: así que propone “desanudar sin deshacer”. El objetivo no es romper el grupo, sino desanudar las cuestiones que, imaginariamente, harían grupo para los afectados. El comentario de Laurent es: “Para el Otro social todo lo que no es programable se convierte en trauma, para el psicoanálisis el trauma toca lo real. Un trozo de real es un agujero en el interior de lo simbólico que deviene en angustia traumática”.[10]
Miller le da el estatuto de principio a la siguiente definición del trauma: “se produce un traumatismo cuando un hecho entra en oposición con un dicho, con un dicho esencial de la vida del paciente, cuando hay una contradicción entre el hecho y lo dicho.”[11] Mientras que Marie-Hélène Brousse afirma, de un lado, que el trauma es un atravesamiento salvaje del fantasma, y del otro, que se presenta como el reverso de un acto. Dejo resonando estas definiciones para pasar a la urgencia subjetiva.
La urgencia subjetiva
Me orienta Lacan sobre la urgencia que preside el análisis, en el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”: “Escribo, sin embargo, en la medida en que creo deber hacerlo, para estar al día con esos casos, para hacer con ellos el par”.[12] Lacan muestra que la urgencia es la que preside el análisis; no la sitúa como algo contingente que puede darse o no. Si la demanda es una urgencia y el Otro de la demanda solo cae al final de la experiencia analítica con el SsS ¿cómo puede el analista ser partenaire de la urgencia? Se anudan así, entonces, la formación analítica, “hacer con ellos el par” y la función analítica en las urgencias subjetivas, en tanto tienen que ver con el traumatismo fundamental de cada sujeto y con la práctica analítica. Este recorte clínico permite ver la cara fecunda de la urgencia, que pone sobre el tapete lo que no se había advertido antes, tanto para el analizante como para la analista. El estado de excepción generado por el aislamiento obligatorio para analizante y analista y el recurso a hacer con lo que hay, produjeron un cambio de registro del dispositivo en psicoanálisis puro, que pasa a otro modo de la presencia del analista, por un medio virtual y hacer partenaire de su urgencia semblando un alojamiento, como él dice que es para la tía: a ella él le importa, se interesa y está atenta.
Florencia Shanahan, AE de la Escuela Una en Dublin (NLS), dice: “Cuando se trata de justificar la propia práctica como medio de subsistencia, o de su permanencia en el mercado como uno más de los objetos ofertados al consumo, allí el problema es otro. Y atañe a la formación del analista”.[13] Yo agregaría que en ese caso se trata de un problema ético, más aún cuando no se presenta la imposibilidad del encuentro entre los cuerpos, como ha sucedido con la pandemia. La elección de hacerlo por un medio virtual cuando alguien puede analizarse en presencia, es un problema en la política de la Dirección de la cura, justo allí donde se juega el deseo del analista y no tenemos ninguna libertad.
Gil Caroz afirma al respecto: “Una vez admitido que lo real y el goce son los resultados de un encuentro entre el significante y el cuerpo hablante, es forzoso constatar que la presencia es indispensable para tocar este real. El goce, en tanto que fijado al cuerpo, no puede ser acometido en ausencia”.[14] Y Antonio Di Ciaccia dice en la misma perspectiva: A diferencia de la psicoterapia que trata de simbolizar el trauma, “El psicoanálisis apunta a otra cosa hacia la puesta en lógica de aquello que causa el goce (así lo ha llamado Freud), que es inherente al síntoma que hace sufrir. Para esta operación, el psicoanalista -además de saber responder- encarna la presencia real de aquel objeto que sirve al analizante para que el inconsciente diga sus razones, razones que están en la base de la repetición del síntoma… En la situación actual le tocará a cada analista, uno por uno, saber no tanto atenerse a los estándares sino a aquellos principios éticos que permiten que la operación analítica tenga lugar”.[15] Este modo de la presencia del analista, sin equivaler a la sesión analítica en presencia, se hizo necesario en este caso. ¿De qué operación analítica se trata? ¿En qué forma conviene servirnos de los medios virtuales para llegar a prescindir de ellos, tanto en la práctica, como en la Escuela? Es importante hacer de estos modos de la presencia del analista una vertiente abierta a la pregunta por la operación analítica que no es sin principios en el uno por uno y en los dispositivos de formación de la Escuela, especialmente en este estado de excepción.
Voy a concluir con una elaboración sobre el tratamiento no de la urgencia sino, como afirma Miller, por la urgencia subjetiva, en tanto el analista encuentre la manera de hacer el par. Araceli Fuentes nos ayuda con una definición: “llamamos urgencia cuando las significaciones habituales de un sujeto han sido desgarradas por la emergencia de un real traumático”.[16] Bien sabemos que en la experiencia analítica la demanda se presenta como urgencia subjetiva y que el Otro de la demanda no cae hasta el final del análisis, así que hay que poner en forma la demanda no solo en las entrevistas preliminares, sino en el análisis que empieza y en el que dura y dejarla caer al final del análisis; por supuesto, si el analista consiente a ser reducido por el analizante al desecho.
Se puede atravesar el trauma por la pandemia, pero las marcas traumáticas no se traviesan. Tienen el tratamiento fantasmático y sinthomático que podamos darles, pero permanecen como cicatrices en el cuerpo, y si bien no se borran, lo que si cambia es la relación de goce que podemos tener con ellas. La urgencia subjetiva no se reduce, entonces, a lo contingente, como sucede con esta pandemia mundial, ni tampoco al psicoanálisis aplicado, sino que hace parte de la operación analítica. Tanto en el “Prefacio…” como en “Del sujeto por fin cuestionado”,[17] Lacan afirma que hay psicoanalista cuando este puede hacer el par con la urgencia. Por ello la urgencia está anudada a la formación y a la práctica del analista. Cuando un análisis transcurre sin los sobresaltos de las urgencias subjetivas del analizante por sus marcas traumáticas y por la disrupción del goce en juego, si no hay traumatismo bajo transferencia, tal vez hay que preguntarse por el análisis y por el control de la práctica del analista.
[1] Miller, J.-A., “El niño y el saber”, Los miedos de los niños, Paidós, Buenos Aires, 2017, p. 21.
[2] Brousse, Marie-Hélène, Conferencia ¿Qué es lo traumático?, 19 de diciembre de 2014, Seminario del Campo Freudiano en San Sebastián.
Disponible en video: https://www.youtube.com/watch?v=FwwH8eZYTx4
[3] Ventura, Oscar, “Interpretaciones, pasajes y rectificación. El tiempo de volverse analista”, Bitácora Lacaniana, Pasión política, NEL-Grama, Buenos Aires, No. 6 septiembre de 2017, p. 113.
[4] Cfr. Naveau, Pierre, “Clínica del malentendido y del quid pro quo”, El Psicoanálisis, Trauma, memoria y olvido, ELP, Barcelona, No. 34, octubre de 2019, p. 182.
[5] Lacan, J., “Nota sobre el niño”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 393.
[6] Miller, J.-A., “El niño y el saber”, op. cit., p. 24.
[7] Cfr. Laurent, Éric, Hay un fin de análisis para los niños, Colección Diva, Buenos Aires, 2003, p. 20.
[8] Brousse, Marie-Hélène, “El tiempo del virus”, Lacan Quotidien #876, 25 de marzo de 2020.
Disponible: https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/03/LQ-876.pdf
[9] Arpin, Dalila, “El virus es el Otro”, Disponible: Blog Zadig en España https://zadigespana.wordpress.com/2020/03/24/coronavirus-el-virus-es-el-otro/
[10] Cfr. Laurent, Éric, “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares, pero no sin principios”, El Psicoanálisis, N° 7, ELP, Barcelona, 2004. Conferencia dictada en el Hospital San Carlos de Madrid, del día 8 de mayo de 2004.
[11] Miller, J.-A. y otros, “La Conversación”, Efectos terapéuticos rápidos, Conversaciones clínicas con J.-A. Miller en Barcelona, ICF Sección Clínica de Barcelona, Paidós, Buenos Aires, 2005, p.81.
[12] Lacan, Jacques, “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 601.
[13] Shanahan, Florencia, “Modos de la presencia,” Zadig en España.
Disponible: https://zadigespana.com/2020/04/11/coronavirus-modos-de-la-presencia/
[14] Caroz, Gil, “Recordar el psicoanálisis”, L’Hebdo Blog No. 198, ECF, 5 de abril de 2020.
Disponible: https://www.hebdo-blog.fr/
[15] Di Ciaccia, Antonio, “El Psicoanálisis en el tiempo del coronavirus”, Zadig Argentina, Red de incidencia política. Disponible: https://redzadigargentina.wordpress.com/2020/04/10/el-psicoanalisis-en-el-tiempo-del-coronavirus/
[16] Fuentes, Araceli, “Trauma y urgencia”, El Psicoanálisis, Trauma, memoria y olvido, No. 34, ELP, Barcelona, octubre de 2019, p. 33.
[17] Cfr. Lacan, J., “Del sujeto por fin cuestionado”, Escritos I, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 226.



